Alguna vez, la patria tuvo nombre de mujer
Y nada la detenía cuando rozó al pequeño animal
Que en desierto poseyó la costa, como versión inútil.
Media mañana para obligar a la huella que descanse en paz,
Pues lo noche avanza
A La pared rugosa;
Algo incierto me enamora de la ciudad
Y no deja que abandone sus esquinas.
Quizá fueron tus manos tardes, las que abandonaron
A los hijos.
No jueguen a ver la suerte como ensucia la imagen
De un espejo, cuando alguna vez, el militar andaba gacho
Y la cabeza del niño goteaba el sueño
Minucioso.
Cada cual gira los fantasmas de los años en que el vagabundo
Fue un militar; y de la mano, la cabeza rodeaba a las mariposas
Como ave migratoria que pereció en tu ventana.
Desertores sentimientos casualmente repetían el hemisferio,
Y di mis pasos como cualquier isla; boceto en la calle,
Vicio común el animal represivo
Lanza humo
En contra
A televisores.
Callarse, porque las espinas capitalizan.
Callarse, porque el territorio es un manglar firme
Caerse, porque no hay medios en ciertas partidas de la sangre.
Cuantos callos harán falta, la frente enturbia los botones de la camisa
Y no es más que un experimento.
Alguna vez, mi país escondió los zapatos en la pequeña terminal
Y los cajones bandeaban nostalgias frías y decadentes,
Mi padre brillaba en el espejo, un otro apresado por el tiempo de tener las raíces
De lo eterno;
Yo saltaba los balcones, vestía la bandera, reinaba bajo las luciérnagas del patio.
El mar escrito cuenta que sus marcas están allí, donde el muro
Y cada muerte contabiliza,
Rompe los cristales cuando los ojos seguían
A los violines decaídos.
La patria bajo el antiguo nombre de mujer
Espera que la noche vista de polvo, y mire encima del hombro
A medio siglo sin girasoles ni cuervos.
Quizá eran tus manos, y no tragué en seco
Si cargabas con los ojos empequeñeciéndome.
Si pudiera escapar de ella contaría los sueños
Y tropezaría conmigo.
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